Somos

Se pensará tal vez que este título responde a una especie de confesión colectiva de lo que somos, pero no. Aunque la filosofía o la metafísica pueda estar implícita en alguno de mis artículos de los viernes.

Quiero comentar algo bien interesante que este año presentará la Feria del Libro en San José y que sobrepasa los límites de la hoja del libro para saltar a otra faceta de la comunicación, a otro lenguaje: el del cine. Tal vez pudo verse, el año pasado, en la pantalla de canal 10, un ciclo de miniseries basadas en textos narrativos de cuatro escritores uruguayos: Hugo Burel, Mario Delgado Aparaín, Milton Fornaro y Henry Trujillo. Un acontecimiento puramente nuestro, demostrando lo que somos capaces de hacer, aunque a veces parezcamos invisibles.
Esos cuatro escritores estarán en la Feria – un lujo – conjuntamente con la proyección de cada unitario adaptado de sus cuentos y novelas, en la Sala Eduardo Carbajal del Teatro Macció. En dicha oportunidad seguramente los escritores podrán conversar con el público que asista, no sin antes haber leído (es una sugerencia nada más) “Elogio de la nieve”, “Terribles ojos verdes”, “Cadáver se necesita” y “El vigilante”. Es así que podremos aunar, sin mezclarlos, dos lenguajes para expresar un mismo tema: la literatura y el cine.
Precisamente en mis manos tengo el ejemplar flamante de todos los cuentos escritos por Mario Delgado Aparaín, reunidos por la Editorial Planeta con el título de “Un mundo de cuentos”, que contiene “Terribles ojos verdes” y del que sólo haré una breve reseña. Como en toda su obra narrativa, la temática de este escritor está signada por un profundo conocimiento del alma humana, con un estilo sencillo y comunicante, que muestra los laberintos más intrincados, las tragedias personales y cotidianas de la mayoría sus personajes. “El forastero alto, flaco, y con la nariz tumefacta como un tomate apretado por la manito de un mono, se quitó el sombrero panamá, se ubicó casi al borde de la silla, como hacen aquellos que suponen que están abusando del tiempo de un jerarca…” Así comienza el cuento, que avanzará en una trama con lugares comunes y con vueltas de tuerca que lo hacen atractivo para el lector. En medio de las tragedias cotidianas de las que hablaba antes, aparece un personaje “eje” que pauta los acontecimientos de algunas narraciones de Delgado y que tiene ese ingrediente humorístico que comparte con el lector. Se trata del detective Sherwood Cañahueca, una verdadera caricatura de algunos personajes reales de algún pueblo del interior, que en este caso se centra en el imaginario “Mosquitos”.
El cuento posee características cinematográficas, aun si no hubiera sido llevado a la pantalla. Los personajes, el flash back, las sensaciones. Es imposible no imaginarse una escena como esta: “…En poco rato, los dos estaban llenando de humo azul aquel recinto estéril, cargado eternamente de viejos olores a impaciencia ajena…”
La Feria entonces se verá engalanada por estos escritores nuestros y será casi un deber estar presentes para escucharlos. Hace unos días escuché decir al Director Nacional de Cultura del MEC, Hugo Achugar, en la presentación de un Simposio literario, que somos el país sudamericano que más exporta cultura, aunque eso sea invisible algunas veces para la prensa del país.
Es lo que somos.