El tráfico de drogas que cada día nos contamina un poco más

Escribe: Wilson Ramírez

Hace poco más de una semana, en un hecho que tiene todas las apariencias de haber sido un “ajuste de cuentas” un hombre fue ultimado en el barrio Capitán Manuel Artigas. El hecho ocurrió en plena calle, con la conciencia plena del vecindario de lo que estaba ocurriendo. Pocos días después, Primera Hora entrevistó a un vecino que describió la realidad del entorno: “todos los vecinos lo saben” decía a nuestra publicación en nota que apareció en la edición del miércoles. Describió detalles que forman parte del saber popular pero que seguramente no están muy alejadas de la realidad: como llega la droga al barrio, por dónde llega, que desde allí se distribuye a otros lugares de la ciudad. Pero, dice, ellos, los traficantes no se meten con nadie: es decir la vida del barrio transcurre “normalmente”.

Dos aspectos: indudablemente la vida en el barrio no transcurre tan normalmente. ¿Quien quiere vivir en una entorno así? Ni en ese barrio, ni en otros barrios donde pasa algo parecido. Diría en buena parte de la ciudad de San José. El comercio de drogas lamentablemente va contaminando muchas de las virtudes de la vida barrial, entre ellas la confianza entre los vecinos. Porque donde hay miedo, donde hay resquemor, no puede haber confianza. Irremediablemente se deteriora la convivencia. Porque las noches dejan de ser tranquilas, porque como decía una vecina del barrio Mariano hace diez días atrás: “todas las noches se escuchan disparos”. Si pierde la confianza, la tranquilidad; la ciudad pierde la paz. Es necesario oponer resistencia, no podemos permitir que el tráfico ilegal de drogas siga corroyendo nuestros vínculos como lo está haciendo. Algo hay que hacer. Algo tiene que cambiar.

Y me preocupa también la distancia entre la percepción de los ciudadanos y el resultado de la acción policial y judicial en última instancia. Ese “todos saben lo que pasa” que no se correlaciona con lo que la gente espera de las instituciones. Esa es también otra pérdida de confianza peligrosa porque alimenta la sensación de vulnerabilidad frente a los delincuentes. ¿Quién protege al vecino que quiere vivir tranquilamente de su trabajo, llegar a su casa, encontrarse con su familia? ¿Quién? Claro que se entiende que hay un problema de pruebas como suele responder la Policía, que no se puede juzgar sin pruebas (por suerte es así), ¿pero se hace todo lo posible, se hace realmente lo mejor para obtener las pruebas? ¿Tiene la Policía los recursos técnicos y la preparación suficiente como para conseguir las pruebas en casos que pueden resultar más o menos complejos y cuando los sujetos sometidos a indagatoria tienen preparación y buen asesoramiento para defendrse?. Dan que pensar los comentarios de la Jueza Ana de Salterain respecto a la actuación policial, si bien después terminó pidiendo disculpas pero manteniendo la esencia de sus apreciaciones iniciales. No es esto una crítica en particular a la Policía de San José, son simplemente interrogantes que me formulo en pos de intentar encontrar respuestas y sumar a la reflexión sobre un problema que está destruyendo a nuestra sociedad. Si bien el fenómeno tiene múltiples dimensiones y variables, muchas de las cuales deben ser atacadas desde la base social del problema, creo que al momento de atender las consecuencias, en buena medida la reversión está asociada a que se acerque esa distancia entre las expectativas del ciudadano y los resultados de la acción del Estado a través de las instituciones que deben brindarle seguridad y tranquilidad.

(Columna de opinión publicada el viernes 18/8/17)