Primera Hora

El triunfo del miedo

(Editorial PH, publicado a dos días del triunfo de Donald Trump)

 

Hay muchas cosas que se pueden decir sobre la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, muchas teorías y muchas hipótesis que se pueden formular intentando buscar una explicación a lo inesperado, pero no hay dudas que entre otras cosas, su éxito electoral es el triunfo del miedo. Trump capitalizó el temor que ha ganado a las sociedades del mundo desarrollado frente a la emigración, el terrorismo y la globalización. Lo vimos no hace mucho tiempo en el Reino Unido con la victoria del Brexit, pero hay indicadores de un avance muy significativo de la extrema derecha en otros países de Europa, como la propia Francia, cuna del pensamiento que da identidad política al mundo occidental.

¿Cuáles son las amenazas que hoy percibe el ciudadano medio de los países industrializados?. Con respecto a la inmigración, el riesgo que significa en lo laboral y todo lo que ello conlleva: la inseguridad respecto a poder mantener los trabajos y sostener la estabilidad familiar. Pero también con la inmigración se asocia la inseguridad pública, el terror político. La globalización y los acuerdos de libre comercio, también son una amenaza para estos sectores de la sociedad que viven del trabajo y que su principal reflejo es la supervivencia del día a día. Es cierto que llama la atención que haya millones de mujeres y de inmigrantes que dieron su voto a un candidato que sembró odio contra estos y menosprecio por aquellas, pero es que ante el miedo el voto se convierte para muchas personas en un acto reflejo, no es una decisión sostenida en los valores que inspiran a la democracia o en la convivencia con el diferente. Cuando gana terreno el miedo, el diferente es un enemigo. Si no pensemos un poco en nuestra reacción instintiva cuando, en esos días que estamos bombardeados por las noticias sobre la inseguridad, cuando escuchamos y vemos que mataron a alguien por allá, y rapiñaron a nuestra vecina más acá, y robaron el comercio de la esquina, ¿qué pasa cuando a las 10 de la noche nos cruzamos en estas mismas calles de San José con alguien que se viste diferente que nosotros, que usa capucha, o que va fumando quizás un cigarrillo de marihuana? ¿Qué nos pasa por dentro, cómo nos sentimos, qué pensamos sin pensar demasiado, sin filtrarlo por la razón y nuestra formación personal? Tal vez algunos nos podamos llegar a asustar de nosotros mismos, del acto reflejo que nos asalta en el instante y que quizás no se compadece con nuestra razón, pero que sin embargo está ahí. Ese es el miedo colectivo instalado en cada uno de nosotros. Algunos, quizás muchos, podamos tamizarlo llegado el momento de tomar una decisión soberana como el voto, pero muchos personas van con el miedo hasta el cuarto secreto.

Claro, nosotros no somos el pueblo de Estados Unidos, ni tenemos los problemas que tiene la gente de ese país, pero traemos hasta esta columna el ejemplo pueblerino para explicar cómo a veces el sentimiento del miedo condiciona las conductas del ciudadano y limita su capacidad de proyectarse más allá de si mismo porque lo que prima, lo que prevalece por sobre cualquier otra cosa, es el sentimiento de preservarse a si mismo frente a lo desconocido, a lo diferente. Cuando ese condicionamiento individual adquiere un sentido masivo y encuentra una voz que expresa ese miedo y lo convierte en odio, en odio colectivo y promete salvar a los aterrados, pasa lo que pasó el martes. Es aterrador solamente invocar ese momento, ¿pero no pasó algo similar en los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando el nazismo asciende al poder en Alemania?. Por supuesto que esta no es la única explicación del triunfo de Trump, también hay un desencanto con las élites dirigentes y otros factores regionales, pero creemos que lo señalado más arriba forma parte de la sustancia que ayuda a entender lo que pasó.

Siendo Estados Unidos lo que es en el escenario internacional, no hay dudas de que este es un momento crítico para la libertad, la convivencia civilizada y la integración intercultural. ¿Es un mundo más oscuro, más sombrío de lo que ya era el que tenemos por delante? Si lo es. Sin dudas.