Primera Hora

Una verdad oculta bajo la superficie

Creo que a veces tenemos una idea de la eternidad que nos lleva a querer dejar de lado ciertas cosas importantes porque total… hay tiempo. Qué palabra. Tiempo. Implacable, sarcástico, terrible, vertiginoso, ligero, lentísimo a veces, huracanado otras. No pongo más adjetivos porque hay demasiados y ya los pondrá cada uno a su antojo.

Me apasiona la idea que tenían los antiguos griegos de crear un mundo olímpico, donde los dioses se parecieran a los hombres, con sus mismos defectos y virtudes, como una desesperada necesidad de verse en ellos como en un espejo. Espejo algo engañoso por cierto, pues ellos los aventajaban en juventud eterna e inmortalidad. Qué fantástico el Hombre… Lo digo en un sentido de admirable, no en el concepto de estar fuera de la realidad. Esa necesidad de ser inmortales nos persigue desde todos los tiempos, más allá de la memoria humana.

Pero esto no es filosofía barata. Es filosofía. A veces me pregunto por qué los jóvenes le tienen tanto miedo a esa asignatura. ¿Será el nombre? ¿Serán los profes que la representan en el salón de clase? Le dejamos la respuesta a Merlí, el profesor de filosofía, personaje formidable de la serie con el mismo nombre, que vi hace unos días. Transgresor sí, pero aterrizando las mayores dudas existenciales en la vida de cada día, en los jóvenes indiferentes, en los descreídos, en los excluidos.

Los que ocultan una verdad bajo la superficie.

Tal vez me fui del tema. La vorágine del pensamiento es como una ola de esas que te tiran en la orilla de un mar embravecido y te revuelcan hasta que podés pararte y reaccionar.

Mi intención es homenajear a un escritor que me acercó sus pensamientos abrazado a su pluma: Ricardo Piglia, que murió hace unos días a los 75 años, cuando todavía tenía muchas cosas para decir. Un argentino que nos dejó la obra de Borges, de Arlt, de Cortázar, en clave de Modernidad.

Quiero que lo conozcan y lo gocen desde sus creaciones literarias, a pesar de ser un “Maestro” en la crítica , un académico de fuste.

Una de sus facetas, el gusto por el tema policial, heredado tal vez de la lectura de los mejores exponentes de la literatura en el tema.

A propósito, hace un tiempo leí un cuento suyo “La loca y el relato del crimen”, que me obligó a leerlo más de una vez. Porque es un cuento de enigma, donde seguramente hay más de una historia.

Desde el testimonio de una indigente, el narrador Emilio Renzi, detective creado por Piglia pero además su alter ego, descubre al autor de un homicidio, a través de un método poco convencional.

En su “Tesis sobre el cuento” Piglia manifiesta que “un cuento siempre cuenta dos historias”, plasmando así su propuesta enigmática al lector, que tendrá que descubrir en el relato, lo que no se dice explícitamente.

La famosa “Teoría del iceberg” de Hemingway, aplicada a algunos órdenes de la vida, es tomada por este crítico como aquello que es importante pero nunca se ve. En el cuento mencionado se establece esa complejidad, que es un aliciente para la lectura como juego, como búsqueda de resolución de enigmas.

Así como el profesor catalán Merlí con sus estudiantes aterriza a los filósofos más notables del mundo antiguo, Piglia apunta fuerte en la búsqueda de una nueva forma de abordar la lectura de un cuento.

Para encontrar la verdad oculta bajo la superficie.

 

*Ricardo Emilio Piglia Renzi. Escritor y académico argentino (Adrogué 1941- Buenos Aires 2017)

*alter ego: literalmente, “el otro yo”. Persona real o ficticia en quien se reconoce, identifica o ve un trasunto de otra. (Real Academia Española)