Primera Hora

“Volar sin Alas”

Escribe: Cristina Callorda

“Pero entonces lloraba por mí, 
y ahora lloro por verla morir.”

Silvio Rodríguez

“Creo en mujeres. Con sexo. Con nombre. Con biografía. Con experiencia. Con destino.”

Así comienza diciendo el escritor y pensador mexicano Carlos Fuentes, en una de sus obras que han sido llamadas “bitácoras de vuelo de las grandes ideas”, una especie de diario cotidiano que va construyendo, a manera de diccionario, una escala de valores universal que se ha hecho imprescindible en mi biblioteca. “En esto creo”.

Los enunciados entrecomillados del comienzo pertenecen a uno de sus artículos, que devela su pensamiento y lleva el nombre de “Mujeres”.

Allí menciona tres fragmentos de vida de mujeres emblemáticas en su lucha por demostrar sus valores en distintas épocas y en diferentes situaciones.

Edith Stein, filósofa judeoalemana que se convirtió en monja sin renunciar nunca a sus raíces hebreas. En época de los nazis fue deportada al primer campo de concentración, por su estigma de ser judía y monja. Y mujer.

Anna Ajmátova, que según Fuentes, fue la poeta rusa más grande del siglo XX. Frágil pero voluntariosa, le puso alas a su experiencia de mujer pero fue perseguida y calumniada por el régimen stalinista. Había en ella, según los críticos, “una fuerza doble, peligrosa, intolerable; ser mujer y ser poeta.” Si bien más tarde se le devuelven los merecidos honores de parte de sus lectores, se le vuelve a acosar y se le quita la libertad y la gloria. Su propio hijo es enviado a un campo de concentración, como cruel castigo a la mujer y madre. Muere en la miseria.

El otro fragmento de vida es dedicado a la filósofa judeofrancesa Simone Weil, quien quiso “convertir su pensamiento en acción” en todos los órdenes de la vida que le fuera posible: en la casa, en la calle, en la fábrica, en el campo de batalla.

Fue una creyente en Dios, “una cristiana fuera de la iglesia”, a la que veía como una estructura dogmática y burocrática según las propias palabras de Carlos Fuentes.

Son apenas tres ejemplos de mujeres cuyos nombres pueden sonar desconocidos, pero que ejemplifican de alguna manera lo que ha sido el infortunio de la mayoría de las mujeres a través de tiempos y civilizaciones.

Carlos Fuentes habla de las mujeres con nombre, con biografía, con experiencia, lo que no exime de pensar en todas las que estamos en cualquier parte del planeta. En las anónimas, en las niñas, que aún no tienen experiencia, y en aquellas “que llegaron lejos porque nacieron antes”.

Hoy en mi país, según algunos informes, “las autoridades reciben una denuncia por violencia de género cada 14 minutos, lo que contabiliza un total de 104 denuncias por día en los últimos 10 meses de 2017”.

Los Derechos Humanos vienen siendo despojados de su esencia, ya que como palabras, nos acostumbramos a oírlas y repetirlas. Pero estamos permitiendo, como sociedad, atropellos a los más débiles, dejando de denunciar el flagrante delito de un abuso cometido hacia una mujer, silenciada por miedo y no ciertamente por cobardía.

Escribo como mujer, no como feminista, que no soy.

Reivindico a todas las mujeres fuertes que estuvieron antes que yo, a las contemporáneas, a las futuras.

A las que dan lugar a los titulares de la prensa, las adolescentes que desaparecen y la mayoría de las veces mueren víctimas de la violencia, siendo manipuladas a través del mal uso de las redes sociales. Socavando su confianza, prometiendo amor y caricias a quienes más los necesitan.

El triste saldo de femicidios ocurridos durante este año en Uruguay, del cual San José no ha estado exento, nos lleva a rescatar este tema como uno de los grandes desafíos que nos esperan para los años venideros. Esperemos que el 2018 dé lugar a un tiempo más esperanzador y que todas las mujeres puedan hacer realidad las palabras de nuestro título.

El epígrafe del comienzo, que remite a la canción de Silvio Rodríguez, quiere resumir para mí, como mujer, un tiempo en que los hombres sientan, de una vez por todas, que nuestra esencia, nuestra femineidad, no deberán claudicar ni un segundo en pos de defender nuestros derechos a realizarnos, a defendernos, a sentirnos libres, a vivir, a volar, aunque no tengamos alas.

 

(En memoria de las mujeres asesinadas en el 2017, Columna publicada este sábado en el Anuario de Primera Hora)