WILSON, la película

“Nunca trates de averiguar por quién doblan las campanas, están doblando por tí”
(Gary Cooper como Robert Jordan, 1943) basada en la novela de Hemingway)”
Muchas veces los recuerdos se parecen a esa imagen borrosa y cepia, o gris, con ese “pestañeo” que tienen las filmaciones más viejas.Hasta que le ponemos el debido color de acuerdo a las circunstancias.
A veces no aparece el color.
Algo inefable ocurre que remueve las emociones, porque el tiempo ha hecho su labor, como debe ser, no como queremos. Esas del “ya no ser”.
Tuve esa impresión cuando empecé a ver la película “Wilson”, producida y dirigida por Mateo Gutiérrez, como tributo a Wilson Ferreira Aldunate y -básicamente- a la época que algunos de nosotros vivimos.
Más que destacar la figura de un hombre público, aparecen allí las raíces de un cambio fundamental que se estaba perpetrando ya desde mucho antes, y que vemos hoy a través del tiempo transcurrido.
Es para mí una “imagen de la palabra” , aunque parezca contradictorio, porque hay voces de diferentes matices, ideas, opiniones, críticas, de referentes políticos de la época. Es la palabra hablada que va recreando momentos de nuestra historia, que va moldeando la memoria, para demostrarnos que no hemos olvidado ciertas cosas. Por suerte diría yo.

La película va mezclando entrevistas a figuras emblemáticas,-algunas ya no están- con imágenes terribles del nacimiento de la dictadura militar, como para darnos una especie de respiro a esa tensión que nos provocan situaciones dolorosas. Se empiezan a recordar aquellos movimientos extraños en la gente, la ignorancia de lo que podía pasar, la inocencia de muchos de los que no estuvimos en el centro del huracán; la presencia abrumadora de soldados en las calles, el desborde de las emociones, el saldo de tantas vidas y tantos exilios.

El exilio es precisamente un eje que nos devuelve, en esta realización cinematográfica, una imagen de cierta “falsa paz” presente en lo cotidiano, a través de los vínculos familiares y amistosos de los que rodeaban al exiliado.
Es allí, fuera del país, donde se fueron gestando ideas y perspectivas de una necesidad imperiosa de libertad. Más allá de posturas partidarias.

La película asesta un golpe a la emoción con testimonios de épocas no tan lejanas, de una historia reciente que parece emerger ahora por todos los rincones.
Como no podía ser de otra manera, la figura de Alberto Candeau en aquel acto del obelisco, marca un hito en la historia, que muchos de nosotros no olvidaremos. ¿Lo saben los que en ese momento eran aún niños? ¿Hemos sido responsables de no decir cómo y por qué?
Yo invitaría a no resistirse a ver “Wilson, la película”, escudados en pricipios partidistas. Los verdaderos protagonistas somos nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos y todos los descendientes. La figura de Wilson Ferreira es un tributo de Mateo a su persona, a sus entregas, a su sacrificio, al hombre de Estado. Pero insisto: Los protagonistas somos nosotros.

 

(La columna fue publicada el jueves 17/8/17 en Primera Hora)