A cinco años de la peor crecida, las soluciones de fondo se siguen haciendo esperar

Hoy se cumplen cinco años de la peor inundación que sufrió San José de Mayo en su historia. El río llegó a los 11,40 metros y se estima que un 30% de los pobladores de la ciudad debieron dejar sus hogares. Con cierto aire de desazón debemos reconocer que desde entonces los cambios han sido casi nulos.

Es cierto que han habido estudios de la Facultad de Ciencias, por demás importantes y necesarios para tener una idea clara del problema existente. Insumo que resulta clave a la hora de pensar en las posibles soluciones. Cabe destacar en este sentido el aporte invalorable de los vecinos, sobre todo de quienes residen en zonas inundables desde hace años, y que han presenciado en primera fila los cambios que ha sufrido el entorno.

Al margen de que se ha “preparado el terreno” de alguna manera, lo que sigue brillando por su ausencia son las acciones concretas. Seguimos jugando a una suerte “ruleta rusa” un tanto perversa, que depende de algo tan inestable como el estado del tiempo. Hemos corrido con fortuna. Desde ese durísimo abril de 2016 (y todas las consecuencias negativas que vinieron después) las crecidas del río no han sido ni por asomo lo que se vio en aquella ocasión. Le siguieron reuniones, gestiones a nivel de las autoridades, movilizaciones de los vecinos y un largo etcétera de idas y venidas. Se habló de dragado también, alternativa que se descartó.

Lo cierto es que el plan de realojo sigue en veremos y al día de hoy continúa habiendo decenas de familias que no pueden quitar la mirada de encima al río San José cada vez que llueve.

Diego Casco Dabosio